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¿Por qué me enamoré del Caribe mexicano?

¿Por qué me enamoré del Caribe mexicano?
2 noviembre, 2015 Jennifer

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Como buen ser humano normal, una de mis más grandes alegrías es ir a la playa. Desde pequeña disfrutaba con una emoción indescriptible el subirme a la camioneta de mi papá, desde muy temprano eso sí, para emprender camino hacia Acapulco. Esa playa fue mi primer contacto con el mar y una de las más constantes. Al ser una familia de cinco personas pues, volar a Cancún cada vez era más complicado, (¡gracias hermanos! -.-) entonces me conformé con el pacífico. Hasta que conocí Cancún y no lo pude creer posible. Ahí, en un viaje que hice con mis amigos, descubrí el verdadero color del mar turquesa. Nunca lo olvidé.

Escribo y leo lo que he dicho y me suena tan romántico pero vamos, así ha sido todo. Mi introducción es real. Ahora bien, ¿por qué he decidido que muy probablemente terminaré mis días frente al Caribe mexicano? Les cuento.

Este año tuve la fortuna de hacer dos viajes increíbles, fueron dos vuelos distintos con su respectivo recorrido que bien podrías hacer en tus próximas vacaciones.

En colaboración con Expedia.mx van los tips y los detalles de éstas aventuras:

1. Vuelo a Mérida Yucatán. Esa fue la primera parada y originalmente la única que haríamos pues mi papá quería ir a ver el equinoccio de primavera a Chichen-Itzá. Para mi buena suerte, mi papá se confundió y al darse cuenta de que Chichen no está tan cerca de Mérida como pensó, pues rentamos un auto. Tip no. 1. Renta un auto. Hará que tu panorama se amplie en un cien por ciento porque eres libre de tomar carretera y llegar a paraísos que no habías planeado. Pero bueno, hablemos de Mérida, Yucatán, la que es mejor conocida como “La Ciudad Blanca” que sí, tiene muchas casitas blancas y todos se visten de blanco pero que en realidad no tiene nada que ver con la pureza, el calor o el color. En su momento, Mérida era sólo para los españoles blancos que conquistaron y fundaron la ciudad, ellos buscaban mantenerse puros y aislados de los mayas, por lo que había un plan de amurallamiento de la ciudad que afortunadamente no se terminó. Hoy en día lo único que queda de aquellas ideas son las hermosas casonas afrancesadas que podrás encontrar en el Paseo de Montejo. Tienes que comer unos buenos panuchos con agua de chaya en “La Chaya Maya” y por supuesto ir a ver una serenata yucateca después…

2. Llegamos a Chichen-Itzá. Recinto sagrado lleno de energía, una pirámide impresionante, cenotes, e historias que encantan. En lo personal estoy enamorada de nuestra historia, saber que llevamos algo de los mayas en la sangre me llena de orgullo porque hay países sin historia, la nuestra es mágica. Tienes que conocer Chichen-Itzá si estás por allá. Recórrelo todo, ¡no te arrepentirás!10926218_578931275543941_3922627716572984919_n3. Como ahí no tardas más de un día, nos fuimos directo a Playa del Carmen. Hay una nueva autopista que te lleva sin problemas, y el camino con el atardecer es impactante. Fuimos a playa porque podíamos, porque todo está cerca y porque sabíamos lo que nos esperaba. Playa del Carmen mejor conocida por sus grandes fiestas y comercios agringados es mucho más que eso. Es de las playas más hermosas que he visto en mi vida. Arena blanca y mar de mil colores.

4. Dzibilchaltún. Un lugar que me dio mucha ternura. Aquí hay está la pirámide de las siete muñecas, es pequeña pero tiene una característica, una puerta en su centro que en el equinoccio y en el solsticio ilumina estratégicamente un camino. Es como un mini faro. Lo triste es que muy poca gente va a ver el equinoccio ahí, y de hecho hay pocos turistas. Conocí al que en un principio pensé era un guardia de seguridad, y nos contó más sobre el recinto, resulta ser un experto en el tema que cuida la pirámide.11034896_579909352112800_6256206848825591398_n11072049_580188952084840_2051372934215064324_n5. Tulúm. Muchos me habían hablado de Tulúm, pero creo que ni diez posts sobre este lugar, ni mil adjetivos pueden describir lo que es ver restos de construcciones mayas a la orilla del mar. Pensar que su faro natural guió a nuestros conquistadores, pensar en cómo lo construyeron a pleno rayo del sol, imaginar cómo vivía la gente en ese paraíso, es increíble. Más allá de ir a tomar fotos es ir a pensar en todo lo que ha pasado por ahí. Guardar el primer pensamiento que llega a tu mente cuando te encuentras con un paraíso como tal, eso es Tulúm.

6. Puerto Progreso. Mi papá siempre mencionó este nombre pero nunca habíamos ido. Me sorprendí cuando lo conocí. Un puerto que dicen tiene mucha fiesta los fines de semana, no tan conocido como Playa por ejemplo, pero igual de hermoso. Tiene una instalación que parece un puente enorme que divide el mar llamado Puerto de Altura. De esos lugares que aún no son famosos.11083935_580047092099026_3929664745390907362_nY volvimos a Mérida para regresar a casa.

Ese es uno de los mini tours que les recomiendo aunque si tienen más tiempo, toda la ruta maya debe ser el mejor plan. Ahora mi segundo vuelo:

Chetumal. ¿Quién vuela a Chetumal? Un sabio. Mi novio me sorprendió en mi último cumpleaños con un viaje a Chetumal. No sé en dónde vi una foto de Bacalar y lo molesté todo el año con “¡llévame a Bacalar en mi cumpleaños!”. No imaginé que lo fuera a hacer. Si viajas a Chetumal renta un coche también. Conoce esta ciudad que a sus orillas con el mar tiene resbaladillas y parques, es hermoso. Ahí probé mangos, literalmente verdes, con un chile que promete ser muy picos pero que no lo es tanto. Al menos no para los de paladares expertos :P! Estuvimos un rato ahí y nos fuimos por la tarde al lugar más hermoso que he visto en mi vida. No es París, no es Florencia, es Bacalar. Con una laguna de siete tonos de azul, cabañas a su alrededor, y grandes personas, Bacalar es por mucho uno de mis lugares favoritos en todo el mundo. Quieres grabar, tomar fotos, capturar su belleza en tu memoria para que nunca se te olvide. Fui feliz. Ahí nos quedamos en un hostal con cabañas, hicimos un viaje en velero hermoso y conocimos un cenote enorme, y el paso por el que llegaban los piratas a robar madera. Así es, nada de oro. En mi cumpleaños, y como había sido una petición especial, yo quería estar en la playa. Bacalar tiene una laguna pero no mar. Entonces en el auto nos fuimos a mi segundo paraíso:image5

image9Mahahual. Qué te digo de Mahahual. Imagina una hamaca, la más bonita, una que esté sostenida por dos troncos, es blanca y grande. Ahora imagina que está en la playa, pero no sobre la arena, sino en el mar. Te sientas, bajas tu mano y sientes el mar. Sobre de ti, los rayos del sol te dan calor pero el viento te calma. Eso es Mahahual. Un mar tranquilo porque el arrecife Banco Chinchorro detiene las olas a unos metros. Casualmente, la segunda barrera natural de arrecife más grande del mundo. Así. Siempre me he sentido afortunada de ser mexicana pero cuando estoy en lugares así, no puedo del amor. Ahora estoy en Barcelona y la gente me pregunta si México es tan peligroso como lo pintan en las noticias. Les digo que a mi nunca me ha pasado nada malo, hay que saber cuidarse, hay que saber disfrutar. Creo que nadie merece quedarse sin conocer nuestros paraísos. Si lo hacen por miedo, qué tontos.image2

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